| Productoras del mejor café de Nicaragua |
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Dos semanas de estancia en Valencia y un calendario apretado de citas, con visitas y entrevistas a diario en instituciones, administraciones públicas, medios de comunicación, entidades sociales, empresariales y colegios. Es la ruta que La Tenda de tot el Món ha marcado para Gloria Esperanza Rivera e Ivania Calderón, dos mujeres nicaragüenses productoras de café que en un mundo de hombres y con los tiempos tenebrosos que corren han sido capaces de sacar adelante con éxito su producción cafetera para comercio justo. Hoy pertenecen a la familia de pequeños cooperativistas que producen el mejor café de Nicaragua, el que se cultiva bajo los estándares internacionales del comercio justo que dignifica y 'humaniza' las condiciones laborales de cultivadores y obliga a cultivar mediante procesos orgánicos y naturales respetuosos con el medio ambiente. Pie de foto: Ivania Calderón (izda) y Gloria Esperanza Rivera en la calle Moro Zeit de Valencia donde la Coordinadora Valenciana de ONGD tiene su sede.Vlcsocial, 20 de febrero de 2012. Ambas afirman que los inicios fueron duros pero hoy manifiestan sentirse productoras con la dignidad y el orgullo que les proporciona haber mejorado el cultivo de café en Nicaragua y haber sido reconocidas por el sello de calidad que otorga la normativa internacional de comercio justo. Estos días visitan Valencia y Camp de Morvedre en el contexto del proyecto de desarrollo 'Millor si és just' que La Tenda de tot el Món inició el pasado mes de junio con la cofinanciación de la Conselleria de Justicia y Bienestar Social. Con su visita, Gloria e Ivana pretenden incidir en la importancia del consumo de estos productos en Europa no sólo para equilibrar la balanza en el comercio internacional, sino para reforzar las bases de la producción de calidad entre los pequeños cultivadores. 'Se trata de mostrar que no sólo es justo, sino positivo en todos los sentidos para quien produce de forma más digna y también para quien consume de forma más justa y saludable', explica Gloria Esperanza Rivera. Gloria Esperanza vive en el municipio del Cuá en el departamento del Ginoteca donde está ubicada su finca en la que cosecha café y granado en básico. Forma parte de un grupo de 104 socias y socios que conforman la cooperativa Alfonso Núñez Rodríguez asociada a su vez a la cooperativa central Cecocafen. Un momento de crisis la llevó a asociarse y a convertirse en productora de café de comercio justo donde ella dice ‘se siente productora con dignidad, bien remunerada y orgullosa de que su producto sea aceptable’. ‘Hemos intentado hacerlo de la mejor manera, con mejor calidad, con un buen tratamiento desde el momento en que esa planta que produce el grano se planta, empezando desde cómo se van a hacer los viveros, cómo es el mantenimiento, qué productos se le puede aplicar y cuáles no. En el comercio justo existen reglas muy claras y estrictas de control sobre determinadas prácticas y usos de productos que pueden ser dañinos para la salud y el medio ambiente’, explica Rivera. Comercio que humaniza Aceptar esas reglas ha supuesto para los productores abstenerse del uso de químicos, volver a trabajar con el machete para limpiar la maleza de forma ecológica, normalizar su producción, mejorar las condiciones laborales y trabajar por la equidad de género. ‘Al inicio fue difícil, pero finalmente el comercio justo ha mejorado nuestra producción, también nuestra comunidad y a nuestras familias. Como productoras y productores hemos mejorado la relación con los trabajadores que cuentan ahora con mejores condiciones de vida. Estamos trabajando para desterrar la pobreza. Una parte del beneficio e incentivos por quintal exportable con que se premia al productor de comercio justo se invierte en la comunidad’, afirma la cooperativista de Cecocafen que señala que estas reglas y normas tan estrictas del comercio justo ‘nos humanizan más’. Ivania Calderón es otra pequeña productora. Está asociada a La Providencia, considerada una de las cooperativa más importantes de la central Cecocafen. Además de trabajar sus tierras, pertenece al comité de crédito y es la contable del grupo: ‘La experiencia es muy buena, como mujeres hemos participado en todo el proceso productivo, también de los beneficios. Ha sido buena como productora, como trabajadora, como ama de casa, como madre de familia… y lo más importante es estar insertada en el comercio justo’. ‘De esta forma la mujer está insertada, toma sus decisiones y aporta a la economía del país. Hombres y mujeres tenemos iguales derechos. También los jóvenes son tomados en cuenta porque son las nuevas generaciones que tomarán el relevo a nuestro trabajo dentro de las asociaciones cooperativas. Nosotros ingresamos en el comercio justo desde que en 1999 se iniciara en Nicaragua. Entonces empezaron unos 50 socios en La Providencia y actualmente somos casi 300’, explica Calderón. Esta pequeña productora anima a los consumidores de café a que apuesten por el producto de comercio justo que supone un sacrificio para sus cultivadores porque la calidad del grano ecológico ha implicado mayores dosis de trabajo: ‘Nosotros vendemos una parte importante de café orgánico y otra de café convencional pero siempre adscrito a estrictos criterios de comercio justo. Los estándares y criterios son difíciles de cumplir, las auditorías en ocasiones no dan su conformidad pero somos conscientes de que esas dificultades hay que superarlas y seguir convenciendo a los cultivadores de que suplan los productos químicos por procesos orgánicos en sus cultivos, porque aunque cuesta más trabajo volver al abono natural y los rendimientos del proceso orgánico no son al principio tan buenos, aportamos beneficios a nuestra salud y a la de los consumidores, además de que preservamos el medio ambiente’. |